Triángulo escaleno
… dícese de aquel cuyos lados son todos desiguales, curioso, juntos, pero no iguales, condenados a entenderse para no romper su estado, pero tan distintos que apenas gastan sueños idénticos.
Recuerdo un triángulo isósceles que conocí un día, era perfecto, era un mundo feliz, tenía sus tres lados iguales, sus ideales eran los mismos, sus ambiciones idénticas, y sin embargo era tan, tan aburrido, predecible, sin encanto, puedo deciros que su vida era anodina y previsible, siempre una línea recta, segura, sin salirse de los márgenes, estudiada, planificada, nunca un grito por encima, nunca una payasada ó una patada en un trasero equivocado, pero tenía algo que me atraía, su familiaridad, su compañía a tres bandas, su igualdad a tres, pero al mismo tiempo era lo que odiaba de ese engreído y estirado isósceles, si bien es cierto que conocí otros con tan sólo dos lados iguales, los cuales eran más comunes, incluso podría decir que vulgares, estos me resultaban incluso más antipáticos, más inclusive que el raro espécimen de isósceles de tres lados iguales, era difícil encontrar a uno que no dejasen al margen al lado distinto, odiaba esa actitud de prepotencia de dos contra uno, no, lo siento, no podía aguantar tal injusticia, si el lado distinto era más pequeño que los dos iguales, era el primero de ellos sometido a una atroz persecución y escarnio por parte de sus hermanos, que le tachaban de debilucho, frágil, fofo, un blandengue, e incluso inservible, cuando ellos mismos sabían que no existirían sin él, pero ahí radicaba su poder, en hacerle sentirse inferior y sin valía.
Si era al contrario, si el lado distinto era mayor, los dos gemelos se complacían en vilipendiarle por ser un abusón, un dictador ó un déspota opresor, alguien con grandezas de ambición, un cacique de pueblo, un tirano Banderas avasallador y absolutista, intransigente e intolerante reyezuelo. En ambos casos, el lado distinto acababa siendo un lobo estepario, como un solitario corredor de fondo que nunca ve la meta al final de su carrera atlética.
Por ello odiaba a los isósceles.
Yo era escaleno, era tres y era uno, era divertido ser así, a veces estábamos los tres de acuerdo, otras, dos si y uno no, y las más, estábamos los tres lados totalmente en desacuerdo, pero obligados a vivir encadenados por tres puntos, era un escaleno oblicuángulo, sin un solo ángulo recto, era feo, que le vamos a hacer, la belleza la tenían los rectángulos, era fácil enamorarse de esas espectaculares formas de espaldas rectas y vientres hipotenusados, y de la misma forma que uno se enamoraba de ellas, de la misma forma era rechazado, feo, pero simpático, decían, vaya, realmente engreídos los triángulos rectángulos, eran … eran … la gente guapa de los triángulos, pijos y descerebrados, con clase decían ellos, y era muy difícil entrar en su grupo, eran los populares de todos los libros, dotados de prestigio y fama, aparecían en todas las fiestas, en todos los cuadernos y bloc de dibujos de niños y pintores, de editores y artistas, de aquellos que buscaban la perfección en las formas, pues ea, que les den, que con su pan se lo coman. Eh, no, no piensen mal, yo no estoy celoso de ellos ni siento envidia, ¡ Qué más quisieran ¡, unos pedantes estirados … (bueno, quizá un poco si que siento) , pero me atribula su elegancia, su postura estirada, su ripipi ser, su engominado estado, sus normas rígidas, su protocolo estúpido y su letanía de ser y estar siempre arreglados y de punta en blanco, a mi, que me dejen ser libre, con la camisa por fuera, zapatillas de deporte, y vestir de sport, a un escaleno no se le smokin_tona, ni se le encorbata ni empajaritan, no, ni hablar, ah, y por supuesto que jamás dejaría de pelar naranjas con las manos ó usar los dedos para untar el pan en los huevos fritos ó para comer el pollo.
Sólo un pero a mi estado, a veces no avanzo. Me estanco, cuando los tres se hacen cabezotas y cada uno tira para un lado, de resultas que nos quedamos parados en el mismo sitio, y es cuando surge mi plena belleza, de mi estado de tensa quietud, de calma borrascosa, de ahí surge el diálogo, la palabra se hace hueco en mitad nuestra, se debate, se critica, se conversa, surge la controversia, la polémica está servida, alguno suelta su perorata, otro le replica, se discute, se hace dialéctica y de ella surge como de una manantial, el acuerdo, y del acuerdo la acción y lado a lado vamos triangulando nuestra geometría.
No, por nada dejaría de ser un escaleno.
11 comentarios
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la pollita -
enrique -
paulinaaaaaaaaaa -
Anónimo -
fran -
Javier -
lo confundiste con el equilatero..el isosceles solo tien dos iguales :)
Anónimo -